Respuesta Cierta

Con los ojos miopes y anhelantes,  mastiqué el polvo que levantaban mis pies, separé la tela de la pollera que se me enredaba entre las piernas, maldije el abrigo de lana y las medias gruesas, como el precio que tenía que pagar para continuar. Aborrecí todo lo que retrasara mi marcha por ese túnel que parecía no finalizar nunca. Y por eso me fui deshaciendo de todo lo que cubría mi cuerpo. Y cuando llegué al fondo de la cuestión, pude darme cuenta que sí, era cierto, no somos más que sombras en el crepúsculo de la noche.

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María Claudia Otsubo