Antieros

En el desorden de los olores

se abren tus pechos

mientras, más allá,

ecos de roces

y sábanas extendidas

duermen a resguardo

en los cuartos oscuros.

Por tu vientre desnudo

sobrevuelan los sentidos

pimiento dulce

azafrán enrojecido,

una cadencia de salvia

para comenzar

o terminar

sin urgencias

solo por eso

por el puro deseo.   (En Respiración Involuntaria)

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María Claudia Otsubo