La vuelta incompleta, de Noé Jitrik

Leyendo a Noé Jitrik, la pervivencia de una voz

 

Comencé a leer La vuelta incompleta[1] durante los primeros días de diciembre, luego de que se le otorgara a Noé Jitrik el Doctor Honoris Causa, por la Universidad de Buenos Aires. Era un modo de homenajearlo, dado que no podía asistir a la ceremonia.

Jitrik había publicado la novela ese mismo año, 2021, aunque según consta en la edición, le había dado punto final en el 2019.

La relectura la realizo más de un mes después, frente al escenario del mar cuando ya el libro carga entre sus hojas los restos de arena.

Voy escribiendo, lentamente, para poder ir volcando mis impresiones de a poco. Algunas tendrán que ver con aquel primer acercamiento; otras con las nuevas cuestiones que ha ido despertando el texto.

Me detengo en la cita que antecede a la lectura, de Francisco Dos Santos, “Heroico editor y poeta exquisito”, en palabras del propio Jitrik[2]: Mas como onde há morte, há vida. La línea resuena con mayor fuerza en este entorno brasilero y me acompañará en la relectura.

El libro conserva las marcas de diciembre, comenzando con el corchete con el que intenté atrapar por completo el párrafo inicial; enseguida dejan su huella las nuevas.

Revivo entonces la sensación primera: la de la escucha.

La voz que resuena mientras leo es la Noé Jitrik, el que tengo el placer de conocer; es una voz que no fluye desde la lectura (haciendo memoria, reparo en el hecho de no haberlo visto nunca leer sus conferencias), sino que es una dispuesta a contarme una historia. Señalo esta diferencia, leve, sutil, entre leer y narrar, que oiré hasta el final de la novela, acentuada por el hecho de que La vuelta incompleta permite este despliegue narrativo.

Dos historias se enlazan, creo, porque es un libro de incertidumbres, en la figura de Marcelo Lugano: la propia del personaje, en la que prevalecen el vínculo con Lucía Palermo y la escritura de un artículo que remite a un período oscuro de nuestra Argentina, como fue la dictadura; y la ficcional, en esa novela que Lugano busca escribir y le es tan arisca, como el artículo que también parece escapársele de las manos.

En este punto, creo que me gustaría interrumpirlo a Noé para contarle que creí reconocer a Brausen en Marcelo Lugano, en ese gesto frente a los papeles dispersos y la dificultad ante la trama; en ese gesto de construcción de “una ciudad” (que es la misma) donde ubicar la historia que está procurando.

El primer capítulo (en el que sobre todo se escucha la voz que mencioné) me pone en contacto con un relato que se anticipa como de “misterio o policial”; en el que le sigue, la secuencia se interrumpe para dar paso al personaje de Lugano; así, intercaladas una con otra cada historia, conviviendo hasta el final de la novela.

Y es en la trama, en esa historia de enigma o policial, donde todo es conjetura (¿no lo es acaso para el mismo Marcelo Lugano?), donde lo escucho con más fuerza a Jitrik:

¿Pero quién dice lo que hace el narrador y cómo se comporta? P.9

Podemos presumirlo p.10

No puede saberse p.10

Aunque hay muchos que prescinden de escenas y eligen otros modos de comenzar p.11

Hay que considerar que el narrador, no solo éste sino todos, está en una posición privilegiada, mira, registra, arregla, ordena…p.30

…no puede dejar de pensarse que el lector no lo es antes de leer de modo que llega a ser tal cuando se encara con un texto al que, eso no se discute, se acerca ya conformado y por eso inmodificable por más diversas que sean las reacciones y los efectos que produce. P. 31

Aunque la voz también aparece en los capítulos dedicados a Lugano o a Lucía Palermo, o a ambos.

Grave dilema narrativo, es probable que por momentos así, que a veces parecen insuperables, pasa todo proceso de escritura de una novela, son inherentes a una manera de escribir que no sea mecánica y que incluya una dimensión poética; no se ignora, y se admite, que la poesía se produce por brotes, si es continua deja de serlo. P.45

Me detengo en esta última idea para alzar la vista –tal como propone Roland Barthes– y en la pausa, conectarme con la emoción. Creo que lo que lo que he copiado del texto, «la poesía se produce por brotes», es una de las cuestiones que no olvidaré de este libro.

Tal vez esa emoción responda a lo formulado en la novela: “¿será eso también la literatura, un escapar que puede parecer heroico si logra conmover o mover?”, que Lucía se pregunta mientras habla con su padre, y reparo entonces en esa imagen, como si visualizara o proyectara en ella algo de mi propia conversación con Jitrik.

La realidad, ya sea la vivida durante la dictadura, o en la que se mueven los personajes creados por Lugano, no abandonan la novela; e incluso, en algún punto, confluyen en el destino de lo no resuelto, como “esos siniestros vuelos de la muerte a cuyo relato le faltaba una vuelta”. (¿Qué información precisa Marcelo Lugano para poder escribir su artículo? ¿Qué estadísticas, qué certeza? ¿O es que simplemente, de eso, como del Holocausto se torna casi imposible hasta escribir?)

Pienso entonces, en la escritura de Jitrik que no le escapa al compromiso político y a la crítica social. Ya me lo ha avisado en el título del capítulo: “No era precisamente un paseo”.

Creo adivinar una sonrisa, o por lo menos cierto brillo divertido en los ojos, de Jitrik cuando trae a la novela a Saer y a Chesterton. “No por puro azar…” esos libros están sobre el escritorio de Elpidio, dice Noé. Evoco al asesino escurridizo de Saer, y lamento esta distancia con mi biblioteca que impide el acto de iniciar una deriva por La pesquisa. En cuanto Al hombre que fue jueves, ya ocupa su lugar en la carpeta de las lecturas pendientes. Saer, Chesterton, antes Cortázar, más de una vez Macedonio; por ahí surge la pregunta “¿Hombre duplicado?” (¿Saramago?); y llega mi querido Bioy con La invención de Morel, para preguntarse: “Otra vez el choque entre apariencia y realidad? ¿Es lo que se ve o lo que es, un traje o un disfraz?”, p. 105.

El escritor (y crítico) que es Jitrik me recuerda que ante todo es lector.

Y el azar como recurso narrativo:

Tal vez Clotilde no pensó que los nombres, el de Eleuterio, que conocía, y el de Elpidio, que acababa de escuchar no estaban reunidos por azar, sino que establecían una relación que explicaría el lugar y aun por qué estaban ahí…p.99

Más adelante, Jitrik me acerca una pregunta que resuena con fuerza en mi interior: ¿Puede alguien decir que conoce a otro, aunque convive con él se entienda en tantos aspectos…?”, p.100; que me remite a Kawanabe y a esa pregunta eterna sobre mi padre. Se lo comento a Noé y me dice que imaginaba esa relación que me producirían ambos textos, o no recordás que he sido también tu lector, me advierte. Sin más palabras, asiento.

Sobrevolando (como aquellos “vuelos”) el enigma, la insistencia con un perfume, en el que solo parece reparar Clotilde. ¿Qué es un olor? ¿Qué nos despierta? ¿Hacia dónde conduce? ¿No es acaso su irrupción una visita involuntaria e irresistible, aun cuando remita al desagrado? El perfume de las mujeres descoloca a Raymundo Núñez y persigue a la mujer: “Ese perfume estaba llegando a sus narices y con ello una asociación que el narrador puede comprender como muy natural”, p. 116

Sobre el cierre sé que la novela escrita por Marcelo Lugano se ha publicado, lo devela el penúltimo capítulo “Trémulos”, donde también como una vela consumida se apaga la vida de Lucía Palermo.

A partir de ahí, el narrador, liberado de la presión de la escritura, ya no duda, ya sabe y deja que los personajes recorran las calles develando su verdad. Hasta el punto en que Jitrik hace una pausa. No puedo permanecer ajena al suspense de su voz, inquieta ante su silencio como ante el mar mudo después de la tormenta.

Porque luego de eso, se desatará el giro inesperado (que no será develado en esta crónica) y la sorpresa, ya que ¿quién podía anticiparlo?

 

 

Nota de la autora.

Al momento de esta escritura, Noé Jitrik ha sido postulado al Premio Nobel de Literatura. La importancia de tal nominación cohibió, sin dudas y por varios días el impulso para sentarme a elaborar la crónica.

La publico con esa inquietud que no me abandona, la de la lectura parcial y limitada. Hay mucho más entre líneas que lo que mis ojos rescatan hoy.

Sin embargo, insisto en la voz. Si creo en su pervivencia, ella me seguirá susurrando cuestiones a lo largo del tiempo. De esto trata la buena literatura.

Imbassaí, Brasil. 6 de febrero 2022

 

 

 

[1] Jitrik Noé, La vuelta incompleta, Interzona editores: Bs.As. 2021. Las citas corresponden a esta edición.

[2] Entrevista a Noé Jitrik, entre libros nuevos y una enorme producción en revistas, sitios web y medios, por Demián Paredes. 18/04/2021. https://www.pagina12.com.ar/335459-entrevista-a-noe-jitrik-entre-libros-nuevos-y-una-enorme-pro

 

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