• 5 de febrero
    Mientras el poeta canta: Hoy es sábado y mañana domingo La vida llega en olas como el mar…[1] termino de acomodar en la maceta, el copete orgulloso de un nuevo abacaxí. Es el número siete. Los anteriores han ido creciendo a ritmo acelerado desplegando con vigor sus hojas, vainas delgadas y al mismo tiempo ariscas, de bordes filosos que no
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  • 3 de febrero
    Las palabras se abrazan a la línea y ascienden con anhelo de cielo la ladera ocre y vermelha por la que asoma la Luna.   Marea de río, aquí quiero estar. ya habían cantado en otros poemas, susurrándoselo casi, a Lemanjá.   La pared las aguardaba, como una novia blanca, y las manos llegaron para vestirla de colores.   Y han sido
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  • 1 de febrero
    Enero se ha colado por ese hueco que conduce al mar. Se ha ido sin casi darme cuenta. Al tomar la fotografía esta mañana creí ver un destello de su cola brillante en el mar. Se ha ido demasiado pronto y aquí me encuentro, como si el año recién se iniciara, venciendo la inercia y esta tendencia mía a escapar también por la playa. Un tiempo por
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  • 17 de enero
    Se va acomodando el cielo sobre el mar, el mar junto a la arena y el tajo del río serpentea para humedecer los arbustos silvestres. Desde este otro lado, mis ojos observan, derritiéndose, calmos y pacíficos por tanta inmensidad por delante.
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  • 16 de enero
    La mañana me regaló esta sorpresa. Le he quitado de encima las hojas de la palmera que le daban demasiada sombra, y ahora brilla hacia el sol, libre, plena, completa.
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  • 15 de enero
    La ciudad en llamas, aturdida por el calor y los reproches. El ala del avión antes de zambullirse en la noche. La primera tarde en Imbassaí, irreal, mágica. Así han sido estos días, de mudanza, para llegar hacia donde anhelaba tanto mi corazón. Hoy escribo con la piel empapada de mar. Me abracé a sus olas como si ya no existiera nada más.
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María Claudia Otsubo