Amélie Nothomb – Higiene del asesino

Amélie Nothomb – Un recorrido por su escritura

Parte 1

Hasta febrero del 2026, no leí nada de Amelie Nothomb. No me era desconocida, pero siempre sus libros quedaban en la fila de los pendientes. A veces me preguntaban ¿la leíste? ¿leíste el libro xxx de ella? No, aún no, respondía, pensando en cuánto me quedaba por recorrer del universo literario, tratando de no angustiarme con el tema, como suele ocurrirme siempre.

Sin embargo, en la última Navidad, recibí  un libro de regalo (de mi hijo Nacho), Japón eterno[1], escrito por Nothomb, junto con la escritora y cineasta  Laureline Amanieux, quien además es realizadora de documentales y pódcast.

Así descubro que la escritora, de nacionalidad belga, vivió hasta los cinco años en Japón, precisamente en Kobe. Luego por el trabajo de su padre, diplomático, deja ese país.  Cuando consigue regresar, tiene veintiún años, ya terminó sus estudios y decide radicarse por un tiempo en Tokio “Pero ya no era el de mi infancia. Allí descubrí la modernidad (…) tuve que adaptarme a esa nueva imagen” (en la Introducción).

Esta suerte de coincidencia de sus casi orígenes con los mios,  y en vísperas de un 2026 que con celeridad perdería pronto su primer  mes,  me decidí a iniciar el recorrido por su escritura. Fiel a mi toc, debería buscar su  primera novela Higiene del asesino,  publicada en 1992.

Nothomb, según señalan sus distintas biografías en la red, escribe tres libros por año, publicando uno de ellos cada vez. Tenía material de lectura para entretenerme

Higiene del asesino ganó el premio René-Fallet y el premio Alain-Fournier en 1993.

Me zambullo en la obra.

 

Higiene del asesino[2]

 Si supiera cuáles son mis pensamientos, supongo que me habría hecho escritor.

Para comenzar una aclaración: acceder a cualquier texto con facilidad, viviendo como lo hago tantos meses en Imbassaí, es una de las grandes satisfacciones que me produce la era digital. Ya he escrito mucho sobre eso, pero vale la pena recordarlo.

Inicié por lo tanto con mucha ilusión ésta, su primera novela. Pronto y al promediar la lectura, ya escribí  las primeras notas en mi fiel cuaderno, dos impresiones: el humor o ironía, se iban alternando, y el encuentro con una excelente escritura. Nothomb consigue algo que me gusta de los buenos narradores, el manejo de la pluma, un deslizarse de las líneas con soltura, sin afectaciones, con un vocabulario además exquisito. Por momentos, la asociación llegó,y sin dudas es muy personal, era como leer a Bioy Casares  con esa mixtura de humor o ironía que se desprende de los diálogos en sus narraciones. Porque en esta novela, prevalece esa construcción. Salvo las dos páginas iniciales, el resto es una continuidad de diálogos entre los personajes.

Los mismos son seis. Uno central, que es el escritor Prétextat Tach, premio Nobel de Literatura, octogenario, al que le quedan solo dos meses de vida y cinco periodistas que deciden entrevistarlo antes de ese desenlace. Lo harán de a uno, sin éxito, salvo el último, que resulta ser una mujer. Ese encuentro final permitirá conocer la historia y el secreto terrible de la vida Tach.

Durante las entrevistas, se evidencian otras muchas cuestiones que tienen que ver con la literatura. Rescato: “Qué es el texto, sino un inmenso cartílago verbal”. (p.95) o “La escritura empieza allí donde termina la palabra, y ese paso de lo que no se puede decir a lo que sí se puede decir constituye un gran misterio. La palabra y lo escrito se enlazan, peo no se mezclan jamás” (p.86). Esta aseveración me pareció maravillosa y me ha tocado mucho en lo personal.

En boca de Tash,  además, Nothomb hace referencia a Oshima y a su obra El imperio de los sentidos para afirmar: “la escena del estrangulamiento está mal hecha” (p.92). También nombre a Patricia Highsmit y hablando de las mujeres (Tach es profundamente misógino), expresa: “… Y los cojones a los que me refiero se sitúan más allá del sexo, la prueba es que algunas mujeres lo tienen. Oh, muy pocas, pero existen; estoy pensando en Patricia Highsmit” (p.41). Y en especial, a Louis-Ferdinad Céline “Tomemos, por ejemplo, un gran libro de belleza: Viaje al final de la noche. ¡Cómo continuar siendo el mismo, después de haberlo leído?” (p.36).

Todas estas referencias forman parte de la biblioteca con la que Nothomb escribe ésta, su primera novela. Creo que lo que más me ha gustado es el giro en la trama, el revés de ese floreo final, con el que se enfrentan los dos contrincantes intelectuales. Es el momento de la tensión, del suspenso, de la perplejidad.  Es el instante de querer saber para poder develar misterio.  Vale la pena.

El escritor Tach es un hombre sumamente obeso. La descripción del personaje me hizo recordar al protagonista de La ballena, película por la que Brendan Fraser ganó el Oscar en el 2023 por su rol como Charlie, el obeso profesor universitario, protagonista del filme. Reconozco que su imagen me acompañó durante el recorrido de lectura. El guión de la película fue escrito por Samuel D. Hunter. Ambos autores han logrado crear un personaje (no hablo de la historia) con mucho en común por lo que generan en el lector/espectador: rechazo-compasión y admiración por su habilidad física e intelectual para sobrevivir dentro de la incapacidad física, consecuencia de la obesidad.

 


[1] Amélie Nothomb y Laureline Amanieux, Japón eterno, Ed. Anagrama, Barcelona, 2025. El libro es una adaptación de la seried e pódcast de la plataforma audible Japón, les fleurs d’un monde flotant acec Amélie Nothomb.

[2] Amélie Nothomb, Higiene del asesino, editor digital Titivillus, 2021. (SCRIBD)