Amélie Nothomb- El sabotaje amoroso

Parte II – Lectura de El sabotaje amoroso[1]

Siempre fui consciente de que la edad adulta no contaba; a partir de la pubertad, la existencia solo es un epílogo.

El sabotaje amoroso, la segunda novela de Nothomb fue publicada en 1993. Recién en el 2003, se edita en español por Anagrama.

Comienzo la lectura mientras el afuera se torna un tanto desapacible, algunas tormentas, corte de luz en consecuencia en el litoral bahiano, y una cierta morosidad de cuerpo y alma en la que intento no sucumbir.

La historia que comienzo a leer se conecta enseguida con la vida de la autora. La protagonista, una niña de siete años, cuenta que su padre, diplomático, ha sido trasladado desde Japón a China, tal como le sucedió en verdad a Nothomb. La llegada a China es traumática, aún más luego de abandonar el Japón de su primera infancia, idílico, placentero, pleno, como ya he escrito ella misma en su último libro Japón eterno.

Me encuentro con una escritura totalmente diferente a la de la novela anterior donde la estructura era básicamente de diálogos. El texto se estructura en una larga narración en primera persona: la niña que cuenta sobre su vida dentro del gueto, espacio asignado a familias de diplomáticos extranjeros en Pekín.  Allí conviven franceses, alemanes, algunos latinos, entre otros; y más tarde también una familia italiana, clave en el relato.

La historia en boca de la niña es básicamente fantasiosa. Así comienza la novela: “A galope tendido de mi caballo, cabalgaba entre los ventiladores”. Ninguna imagen de esta primera línea será cierta, pero eso lo descubriré más tarde. Nothomb no va a ser ningún esfuerzo por ocuparse en señalar si lo que cuenta es falso o es una invención, como ella misma señala líneas más tarde, el “axioma” se instala. De forma clara y evidente plantea el escenario y lo que ocurrirá en el gueto, al punto que estaré convencida que así es como sucedió.

Se plantea el escenario, pero sin apelar a la descripción. Las imágenes, el contexto (hasta ahora en las tres novelas leídas) de las novelas de Nothomb no se detienen en este punto. Como si ella no viera la necesidad de explayarse en estas cuestiones. Por lo tanto, la mención al gueto, a cómo es, que lo rodea, cómo son las casas, las calles queda librado a la imaginación del lector. Es así que, en mi imaginario, la novela transcurre en algún lugar parecido a las imágenes que visto sobre el gueto de Varsovia. También, y por momentos, a algo parecido al campo de concentración de La vida es bella. Seguramente era lo contrario (pero no tan alejado) y se trataba de un barrio cercado para seguridad tanto de los extranjeros que viven allí como de los chinos que viven en el exterior: el gueto de San Li Tun debió ser la construcción obligada para alojar a esas familias venidas de extranjero, con costumbres, cultura y medios tan diferentes a la China de los años setenta, precisamente 1974.

Dentro del gueto, la niña construye un universo mágico para poder sobrevivir al cambio. Hay situaciones que seguramente existieron, como las batallas emulando la guerra que llevaban a cabo los niños; humillaciones y torturas entre rivales (que hoy podrían catalogarse como bullying), bajo la mirada despreocupada de los padres… imagino la vida de tantos niños encerrados entre esos muros y pienso que seguramente mucho de lo que se cuenta debió suceder de algún modo. Lo maravilloso, y es la palabra que brota al escribir, es cómo se cuenta. El refugio que encuentra la niña para sobrevivir al cambio feroz de la libertad y armonía japonesa al encierro gris de la China de esos años. Así es como Nothomb consigue recrear una historia que se asemeja por momentos a relatos de guerra real, donde prevalece el sadismo y la rivalidad. Por otros, tomando presado de los relatos de romance de caballería. Ella, la narradora, sucumbe ante el amor de su vida, la niña italiana, Elena, hermosa e indiferente al resto “de los mortales”, que acaba de llegar al gueto. Y por ese amor puede llegar a dar la vida.

La voz de la niña es también la voz de la adulta que puede citar a Wittgenstein, Platón o a Bocaccio; opinar sobre política internacional, tener una mirada crítica sobre los padres o explayarse sobre el significado y el alcance del amor. Una niña que expresa: “Únicamente tenía ambiciones guerreras y amorosas. Me parecía que escribir no estaba hecho para mí”, o “Desde aquel día, decreté que la literatura era un mundo podrido” y es la misma vos de quien escribe esta novela.

La escritura de Nothomb es bella, poética, cuidada, inteligente.

La seguiré leyendo.


[1] Amélie Nothomb, El sabotaje amoroso, edición en formato digital, noviembre 2015 (Ed. Anagrama, Barcelona, 2003).

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