Andamos huyendo, Lola – Elena Garro

VIVIR HUYENDO

«Viva un mes gratis en el mejor barrio»

 

Subo y bajo las escaleras. Entro y salgo de cada departamento con frío, temor, confusión. Desconfío de los vecinos, camino atenta a las murmuraciones en los pasillos; vigilo a través de la puerta entreabierta; observo tras las mirillas quién llega al edificio, quién se aleja, presiento, supongo, presumo; pero, sobre todo, sospecho.

“Aquí todos desconfían de todos”, me susurra Aube, intentando no ser escuchada por la señora Lelinca, quien, por momentos, y frente a la necesidad, Aube Mayer declara que es “su amiga”. Porque lo peor de la historia, del vínculo entre las mujeres es justamente que: “Las cuatro se tenían desconfianza”.

Leo y me introduzco en Andamos huyendo, Lola, el cuento de Elena Garro, publicado en 1980. Es mi primer acercamiento a la escritora mexicana, nacida en Puebla en 1916, fallecida en Cuernavaca, en 1998.

He pasado de la inmovilidad, casi como de cuadro, de los personajes de Personas en la sala, de Norah Lange, al ir y venir incesante de quienes habitan el edificio del señor Soffer.

Es casi imposible detener la lectura una vez iniciada la historia, o no sucumbir a la tentación de escuchar las conversaciones en los departamentos –también lo que no se cuenta– que alquilan la señora Aube y su hija Karin, o la señora Lilinca y su hija Lucia; poder dilucidar el misterio que rodea a la yugoeslava María; asistir al desfile de quienes llegan o se van al edificio; oír al señor Soffer o al negro Joe, con sus modos tan particulares de hablar.

Las historias de vida de las protagonistas, o de quienes llegan al edificio, no se develan demasiado, solo las conozco por lo que conversan entre ellas (así sé de la existencia y la derrota del viejo Al Mayer, aunque a partir de la versión de su Aube, su exmujer, y su hija). Garro maneja con destreza y ritmo los diálogos. Las descripciones de quienes van llegando al edificio surgen de la mirada de las mujeres que acechan cada nuevo movimiento, de modo que también, como lectora, me convierto en un voyeur del edificio. En este sentido, la observación deriva en conjeturas, también en cierto temor, como ocurre en la novela de Lange.

Los personajes son seres desterrados. Viven en un edificio de Park Avenue, pero no pertenecen a ese lugar ni a ningún otro porque han perdido todo, sobre todo su propia patria. Los buenos recuerdos, que se van diluyendo por la realidad que les toca vivir, son los de la infancia o de una etapa anterior al presente. Así los evocan la señora Aube o Lilinca, y el mismo señor Soffer. A diferencia de Joe, el negro que habla de sí mismo en tercera persona.

Es interesante cómo Garro utiliza este recurso cuando el que habla es Joe. Según un estudio, “rememorar esa conversación situándose en tercera persona puede ser de ayuda para eliminar los prejuicios y empatizar más fácilmente con todos los puntos de vista”.[1] Joe vive según su ley. No siente temor ni ha emigrado, no se siente perseguido. A diferencia del resto, él, que habla de sí mismo en tercera, pareciera ser el único, entre el resto, dueño de sus decisiones.

El título del cuento provocó dos asociaciones. La primera vinculada con la película Corre, Lola, corre (de origen alemán, 1998) de la que no recordaba demasiado, salvo que se trataba de una historia de suspenso.

La segunda con la cantante mexicana, Julieta Venegas, y un tema suyo de 1997: “Andamos huyendo”.

Un amigo me escribió hace poco que:

La gente confunde memoria fotográfica con inteligencia, por eso uno puede pasar por erudito e incluso por inteligente. Pero, como decía Voltaire, la mayoría de nosotros (ese nosotros no te incluye, ça va sans dire) apenas somos loros que repiten a otros loros.

En este caso, la memoria había funcionado tanto en modo fotográfico, como también auditivo.

La película, como busqué después, no tenía ninguna relación con el texto de Garro, salvo por el nombre “Lola”, y por ese gesto de correr, que seguramente yo había vinculado con un escapar de algo, estar huyendo. Pero encontré que la letra de la canción de Venegas se correspondía en su totalidad. Así dice una de las estrofas:

De qué andamos huyendo si hemos hecho nada
Somos los escondidos en el armario
De qué andamos huyendo si no cometimos nada
Somos los perseguidos sin saber por qué.

 

La cantante explica haber compuesto la canción[2]:

“Andamos huyendo” habla de esta sensación de la otredad perseguida, el sentir que nunca puedes estar tranquilo y no sabes por qué. Me parecía buena la reflexión, ser mujer, ser indígena. El no aceptar las diferencias es una visión patriarcal.

Y en otra entrevista, señala[3]:

Respecto a Andamos Huyendo, cuya inspiración fue el libro de Elena Garro Andamos huyendo, Lola, destacó que encontró un nuevo significado a la canción que tiene todo que ver con el panorama que se vive actualmente con los temas del racismo y el clasismo.

«Creo que también puede ser vista como una canción de la ‘otredad’ de las personas que estamos fuera de la estructura heteropatriarcal, que vemos a una persona ya sea mujer, que sea gay, que sea indígena, y como que estamos en un lugar súper cómodo y creo que la otredad suele incomodar mucho, la diferencia, que sea distinto… como que somos un país muy complejo que pareciera que no acepta su propia diversidad», profundizó.

El gesto de Venegas se aviene al espíritu militante y comprometido de Elena Garro, que hizo de su narrativa un modo de decir revolucionario.

Encuentro varias biografías que circulan en la red. Elijo, aunque la opción no excluye a otras, la escrita por Jan Martínez Ahrens, para el diario El País, el 15 de octubre de 2016[4], que entre otras cosas no puede dejar de mencionar que Garro fue pareja de Octavio Paz por veintidós años (“el matrimonio terminó en llamas”, dice el autor de la nota). Ahrens manifiesta su admiración por la escritora que está reseñando, señalando con acierto: “Garro hizo posiblemente de su existencia un cuento absurdo, pero dio al mundo una literatura que sólo ahora, en el centenario de su nacimiento, empieza a contemplarse en toda su inmensidad”.

Tal vez Ahrens ha exagerado el “sólo ahora”. Creo que Elena Garro hace tiempo ocupa un lugar preponderante en la literatura latinoamericana. La seguiré leyendo.

 

 

 

[1] https://www.lainformacion.com/management/hablar-ti-mismo-tercera-persona-no-parecer-idiota-mas-sabio/6511481/

[2] https://lavozdgo.com/2020/06/07/julieta-venegas-regresa-con-musica-mas-socio-politica/

[3] https://elporvenir.mx/enescena/julieta-venegas-reversiona-dos-temas/96514

[4] “Elena Garro, una escritora contra sí misma”, en https://elpais.com/cultura/2016/10/13/babelia/1476359923_131235.html

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

13 + trece =

María Claudia Otsubo