Parte III – Lectura de Estupor y temblores
Estupor y temblores – Amélie Nothomb
No todas la niponas son guapas. Pero cuando alguna decide serlo, las demás ya pueden prepararse.
Nothomb vuelve a sorprenderme. La novela que acabo de finalizar, publicada en 1999 y que leo en formato digital en marzo 2026[1], obtuvo el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa ese mismo año junto con Anielka de Francois Taillaindier.
El texto es claramente autobiográfico. Nuevamente.
La protagonista Amélie, de origen belga, comienza a trabajar en una empresa japonesa en Tokio. Esta circunstancia llevará a que Nothomb, con una narración fluida, en la que sobresalen los diálogos irónicos, inteligentes y desopilantes entre los personajes, encuentre un modo de decir sobre la sociedad japonesa. Un modo alejado del romanticismo, o cierta mezcla de respeto y admiración con la que a veces se la describe o se la piensa.
Nothomb narra del mismo modo como lo puede hacer un hijo para contarnos sobre sus padres a quienes ama, mostrando sus debilidades, sus flaquezas, pero sin dejar de ser fiel a su cariño y respeto por ellos.
Escrita en primera persona, el texto nos va introduciendo en el engranaje burocrático (y sin sentido) de la empresa donde ha conseguido comenzar a trabajar, a prueba por un año. Sus sucesivos superiores (desde el primero directo, una mujer y en escala ascendente hasta llegar a la máxima autoridad) la tratan como ella misma se auto incrimina, como una “idiota” frente al fracaso de las distintas tareas que se le imponen, muchas sin lógica o sentido. En el engranaje de autoridad ella ocupa el último peldaño y además tiene en su contra que es mujer y occidental. Consciente de esta diferencia con sus pares y sus jefes, la protagonista exacerba el cuidado con el lenguaje, no solo oral, también el de los gestos tan o más importante en los vínculos personales japoneses.
Como en la novela El sabotaje amoroso, la protagonista se fascina por una mujer, en este caso su superiora. Con ella estable un vínculo de sufrimiento, de no correspondencia en la amistad y hasta de maltrato luego; similar a lo padecido por la niña con su par italiana en aquella novela anterior.
Como en otras novelas, Nothomb cita otros autores (Moliere, Tanisaki, Nietzche) que se insertan en la narración con libertad, liviandad. Nothomb los acerca a su relato como quien acerca un amigo a otros amigos, por el placer de compartir lo que ellos pueden aportar.
La experiencia vivida durante ese año de trabajo le proporciona material para hablar sobre la mujer japonesa moderna. Como señalé antes, con una mirada crítica y segura. La Amélie de la novela/la Amélie autora saben de qué hablan. Lo han vivido en carne propia, por eso es que se atreve a señalar lo que se convertirá en el título del libro: “El antiguo protocolo imperial nipón establece que uno deberá dirigirse al Emperador con estupor y temblores” (pag.114). Es una estrategia, una máscara para sobrevivir; y con esa imagen me quedo, imaginando que un brillo de sabiduría en los ojos que se ocultan en la reverencia temblorosa, y aparentemente insensible ante el superior.
Quizás por la connivencia de origen, los recuerdos de mi paso por esas tierras ensayando gestos y actitudes, cuestionándome también estas cuestiones que plantea Nothomb sobre la mujer nipona… Finalizo como en las crónicas anteriores: la seguiré leyendo.
[1] Nothomb Amélie, Estupor y temblores. Edición en formato digital 2015. SCRIBDD/Everand


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