EL HÉROE DE LAS MUJERES – Adolfo Bioy Casares

(en tiempos de coronavirus)

 

Leo el Héroe de las mujeres (1978) a finales de junio, pero recién, casi un mes después, escribo esta crónica. Ha transcurrido un poco más de cuatro meses desde el inicio del viaje con Bioy y el universo, ajeno al ficcional, se parece cada vez más a “un otro lado” muy confuso. La percepción del tiempo, el limbo en el que se entreveran las horas y las semanas se ajusta tan solo a algunas certezas en el devenir del calendario, algún vencimiento, un encuentro virtual, tal vez un aniversario.

Por otra parte, contemplo las tres tapas de las Obras Completas, que se hacen lugar entre los papeles y demás libros –que en todo este tiempo he procurado no ordenar demasiado, apenas lo necesario para no extraviar alguna nota suelta–, y miro los diferentes rostros impresos de Bioy. La cronología de las publicaciones se reflejan en el paso de los años en su cara; un dato concreto, casi anacrónico en la indefinición de estos días.

La última portada, la del tercer volumen, corresponde al autor maduro, igualmente seductor, de mirada honda y apacible. Es una foto sugerente, anterior a la del hombre que aparecerá luego en tantas entrevistas, al que prefiero escuchar más que ver, por esto de que ni al mismo Bioy Casares le gustaba ser un “viejo” y que en uno de los diarios escribe: Las mentiras piadosas que se dicen sobre la vejez me parecen casi deprimentes; deprimentes son las verdades.[1]

Junio – julio 2020. Cuarenta y dos años más tarde de la publicación, escribo sobre El héroe de las mujeres.

¿Qué te dieron las mujeres” Un placer real de duración breve, un placer imaginario pero alentador, de duración imprecisa, y engorros, molestias, compromisos tan reales como permanentes. Sin embargo, sin ellas no tengo techo para protegerme de las adversidades. Quedé fuera del alero. Está lloviendo y hace frío.[2], escribe casi una década después de la escritura de estos cuentos.

Me detengo por unos instantes en el título y en esas dos palabras que gravitan, y se confabulan en este libro, durante toda la obra de Bioy: el Héroe y la Mujer.

Según el diccionario de la RAE, hay seis acepciones para “héroe”. Elijo como adecuada la más breve: “protagonista de una obra de ficción”, y descarto las otras cinco que se alejan, creo, de lo que Bioy consideraba un héroe:

–la persona que realiza una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble,;

–la persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes,

–al personaje que actúa de una manera valerosa y arriesgada,

la persona a la que alguien convierte en objeto de su especial admiración,

–el hombre nacido de la copula de un dios y un ser humano.

 

¿Quién es, entonces, el héroe para Bioy, protagonista de sus ficciones?

En la conversación con Noemí Ulla, dice: El héroe de una novela tiene que ser, de algún modo, querible; no tengo ningún inconveniente en que haya personajes despreciables, creo que el personaje central también puede ser torpe, pero hay que poder quererlo.[3]

Regreso al camino transitado y a Guirnalda con amores. En el Libro décimo, encuentro un texto breve: “Retrato del héroe”. Lo copio:

Algunos al héroe lo llaman holgazán. Él se reserva, en efecto, para altas y temerarias empresas. Llegará a las islas felices y cortará las manzanas de oro, encontrará el Santo Grial y del brazo que emerge de las tranquilas aguas del lago arrebatará la espada del rey Arturo. A estos sueños los interrumpe el vuelo de una reina. El héroe sabe que tal aparición no le ofrece una gloriosa aventura, ni siquiera una mera aventura -desdeña la acepción francesa del término- pero tampoco ignora que los héroes no eluden entreveros que acaban en la victoria y en la muerte. Porque no se parece a nuestros héroes criollos, no sobrevive para contar la anécdota. ¿Quiénes la cuentan? Los sobrevivientes, los rivales que él venció. Naturalmente, le guardan inquina y se vengan llamándolo zángano.

Mariano García, en un acertado ensayo señala:

Bioy Casares desplaza el culto del coraje y los compadritos al eje más general del heroísmo y de lo heroico. El sueño de los héroes, El héroe de las mujeres y Un campeón desparejo son títulos que atestiguan su frecuentación del tema, recurrencia que muchas veces se revela irónica en la lectura de los textos. En efecto, ya a partir de El sueño de los héroes se presenta el prototipo de protagonista masculino de Adolfo Bioy Casares: un héroe pusilánime que, no obstante, cuenta con el favor algo disonante de una o varias mujeres, como si el varón consciente de sus limitaciones, o capaz de reconocer sus miedos, despertara en ellas una ternura maternal no exenta de sentimientos posesivos ni de deseo sexual. [4]

Y agrega luego: El héroe de las mujeres no es por fuerza el héroe egoísta de las aventuras, sino el que se decide por las dulzuras de la intimidad.

Hermosa línea que destaco en este trabajo de García.

Más adelante señala la íntima relación de la obra de Arturo Cancela (1892-1957) en la ficción de Bioy: No cabe duda de que hay un tipo de entonación, y una manera de desarrollar las situaciones para desembocar en el humor o en un efecto combinado de humor y seriedad, que Bioy bebe directamente de Arturo Cancela, un escritor «injustamente olvidado».

Descubro también la mención de Cancela en las conversaciones con Noemí Ulla. En relación al cuento “El nóumeno”, señala Bioy: Este cuento ha querido ser una especie de homenaje tácito a Cancela, para que lo reciba quien conozca a Cancela, para agradecerle eso.

Como en otras estancias de este viaje, y en este caso gracias al texto de Mariano García, la apertura a otras lecturas de otros escritores o pensadores que Bioy Casares ha leído, lecturas que se van acumulando con la ansiedad o angustia que depara ir entendiendo que el recorrido es como un agujero negro, en este caso vivido como luminoso, profundo, sin fin.

Regreso a los héroes de los cuentos del libro:

A Correa, el joven estudiante de Derecho en “De la forma del mundo” —que descubre a Cecilia del otro lado de ese túnel vegetal y enigmático que lo ha llevado desde el Tigre a Punta del Este, Uruguay— El héroe vencido por el miedo, la geografía desconocida y, luego, las prohibiciones políticas que no le permiten viajar y regresar así a la mujer de la que se había enamorado. Y la posibilidad de que nada sea entonces cierto: Usted dice que es redonda porque se lo contaron, pero en realidad no sabe si es redonda, cuadrada o como su cara, le dice el doctor a Correa hablándole sobre la Tierra, si el detalle geográfico es lo que le llama la atención, no cuente conmigo.

Al empleado del Sanatorio del Dolor, en “Otra esperanza”, el protagonista que descubre que el dolor puede ser usado como fuente de energía eléctrica, o sea transformado a costa del sufrimiento (que él también experimenta) en un objeto rentable.

Me encuentro con el hombre que se ve enfrentado a una batalla contra un técnico en fijación de médanos en “Una guerra perdida”. Sin “fijarse” en ningún compromiso, un hombre que va pasando de mujer en mujer. Al principio viví agradablemente con Mercedes porque toda persona es un mundo y porque siempre me entretuvo la paulatina exploración de esa particular especie de mundos que son las mujeres, sin entender que ellas buscan lo contrario: la estabilidad en arenas movedizas.

En “Lo desconocido atrae a la juventud”, el héroe es Luisito Coria, salvado por la influencia “mágica” de la tía Regina. Como en el cuento de Pinocho, Luisito, joven, ingenuo, es lanzado al mundo –al pueblo primero, “al” Rosario después– portando en sus bolsillos tan solo los valores inculcados por su madre. Su voz será lo que él escuche cuando se vea acechado por las tentaciones (incluso la posibilidad de matar). Finalmente, “caer en un sueño salvador” le posibilitará salir adelante, progresar y casarse con la hija del boticario en Rosario.

“La pasajera de primera clase” es el relato de “nuestro cónsul”, que escucha el protagonista, de un  país que, sin dudas, se me antojó “bananero”.

En el “jardín de los sueños” me reencuentro con el tema del pasaje, el paso que permite llegar hacia esos “otros lados”; el perseguido encuentra en un “jardín” creado por el doctor Veblen (querido Veblen de “El lado de la sombra”); un “charlatán” que cura con sueños a millonarios.

El héroe de “Una puerta se abre” se somete a un sueño de cien años para escaparle a Carmen; la “enana” que, sin embargo, también se ha sometido a la misma terapia: quisiste dormir mientras yo dormía, pensemos que hemos dormido juntos, mi amor, y ahora, de veras y para siempre, cuentas conmigo.

Finalmente llego al “Héroe de las mujeres”.

Hago un paréntesis para contar que he disfrutado la lectura de un artículo de Antonio Muñoz Molina, para El País, “Un héroe de las mujeres”. En clara alusión a Bioy escribe sobre la relación que tuvo el torero Mario Cabré con la actriz de cine Ava Gardner: Ahora, cuando los dos están muertos, se ha sabido una de esas verdades que Bioy Casares suele reservar para las últimas líneas de sus mejores relatos.[5]

Regreso al cuento en el que un joven ingeniero, un maduro hacendado y su esposa se refugian en una estancia abandonada para comprobar si es verdad que existe un tigre que ronda, amenazante, por los pagos. Mientras viajan hacia la estancia, Don Nicolás cuenta la historia del hombre que fuera su dueño: taimado, corrupto, dado al juego y a las mujeres. Es entonces cuando Clara desliza la frase, que según dicen le inspirara la secretaria de Bioy, dejando traslucir que una mujer puede enamorarse de un sujeto que resulta un simple canalla para los hombres.

El cuento tiene un epígrafe de Byron en inglés: Alas! the love of the women!

Copio para cerrar esta crónica y continuar mi viaje, la traducción completa del verso:

¡Ay!, el amor de las mujeres, ya se sabe

es algo encantador y temible:

En esa jugada arriesgan toda su suerte,

y si pierden, la vida ya no trae

para ellas sino burlas del pasado

y su venganza es como el saldo del tigre.[6]

 

 

 

(1] ABC, Descanso de caminantes, Editorial Sudamericana, España, 2001, pág.46

[2] ABC, op. cit., pág.371

[3] Ulla Noemí, Conversaciones de ABC, Ed. Corregidor, Bs. As., 1990.

[4] Mariano García, Reformulación de lo Heroico Borgiano en la Obra de Adolfo Bioy Casares, https://p3.usal.edu.ar/index.php/gramma/article/view/789/914

[5] https://elpais.com/diario/1991/02/23/cultura/667263601_850215.html

[6] Traducción en las notas a los textos. ABC, Obras completas Volumen III. Ed. Emecé, 2014

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