LA AVENTURA DE UN FOTÓGRAFO EN LA PLATA – Adolfo Bioy Casares

(en tiempos de coronavirus)

 

Corría 1985. La Argentina, mi país, transitaba por primera vez en tiempo, un período democrático. No recuerdo haber leído mucho en esos años, en los que trabajaba como asistente social, en una institución privada vinculada con la infancia, al mismo tiempo que me repartía entre dos niñas (la segunda recién nacida) y las exigencias de los “roles tradicionales”. Aún no nos abanderábamos en cuestiones tan trilladas hoy como el de las tareas compartidas, y aunque no fuéramos las House wife de los sesenta o setenta; tampoco éramos las, afortunadamente en muchos casos, “sin culpas” contemporáneas. En fin. Cada historia es personal como para plantear generalidades.

Corría 1985 y Adolfo Bioy Casares publicaba la novela “La aventura de un fotógrafo en La Plata”. Pienso hoy en esa distracción mía, tan ocupada con otros menesteres, teniéndolo a Bioy tan a mano. ¡Qué desperdicio!

Por eso estas crónicas son una apuesta. Una correspondencia que intenta atravesar el espacio y el tiempo para conectarme con el autor con el que me gustado encontrarme para conversar. Quizás escribo influenciada por Dark, la serie alemana de ciencia ficción, atrapante y muy bien hecha, que explora justamente el tema del viaje en el tiempo.

De cualquier modo, testimoniar mi andar por este texto, como en otros de Bioy, es ese anhelo y también el cuaderno de bitácora: las impresiones volcadas son las del viajero al fin de la jornada, un diálogo amoroso en el que además de las vivencias se cuelan las emociones, los sentimientos; colores y voces del trayecto.

Abro, leo y cierro la novela. De una sentada, como cuando voy al teatro, expectante, atrapada hasta al final con lo que me van contando los personajes.

Noemí Ulla preguntó, en la “envidiable” conversación que tuvo con Bioy, si a él le hubiera gustado transitar ese género. Contestó:

Lo que me llevó a escribir teatro fue que un día me dije que si yo sabía contar cosas a través de diálogos naturales, por qué no iba a poder escribir teatro, y lo hice. Pero es más difícil que eso; el teatro es severo […]Para escribir teatro tendría que aprender el oficio como cualquiera, porque es otra manera de narrar. Una cosa es narrar una novela y otra es cuento, y otra es escribir teatro. “No pa´todos es la bota´e potro”; hay que aprender, hay escollos que hay que saber solucionar, y los narradores no estamos acostumbrados a hacerlo porque escribimos para lectores.[1]

 

La respuesta de Bioy es respetuosa. No obstante esta novela, más que otras, tiene muchos elementos, que permitirían con muy buen resultado, una puesta teatral o fílmica. Bioy escribe, creo que una sola obra: “Siete soñadores. Tragicomedia en un acto”, publicado en 1968 para la Revista Sur, que Daniel Martino incluyó en “Obra del período no recogida en volumen”, en las obras completas.[2].

La obra, señala Martino, tiene su origen en otro relato breve de 1933 “Un puñal en el sueño” (publicado en el Anexo II del mismo volumen de la Obra completa. Ambos tratan sobre como “desear la muerte de alguien” en un sueño puede llegar a convertirse en realidad. En el cuento, Suna le clava un puñal a Mario ….lo clavó ferozmente en el pecho de Mario y lo hundió hasta donde pudo, porque le parecía que era en el fondo de ese hombre en donde se ondulaba el plano siniestro del sueño. En la obra de teatro, el comisario le contesta al médico (última víctima de aquellos que han sido soñados en ese pueblo del sur de Buenos Aires): No le pida a una mujer joven que renuncia a los sueños. La vida de la señora no podía concluir en usted.

 

Regreso a la novela que acabo de finalizar.

En el trabajo que estoy realizando para las Jornadas que se llevarán a cabo en el MALBA, en octubre 2020 próximo –donde realizo un recorrido por los personajes femeninos en la obra de Bioy–, he enumerado todas las mujeres que aparecen en este relato: Son diez, incluyendo a Julia, que enamora a Nicolás Almanza.

Como en otros textos de Bioy, las mujeres desempeñan un rol fundamental.

Cada una, con su impronta y descripción detallada, acompañan el devenir de Almanza por el escenario de la ciudad de la Plata, a donde el joven fotógrafo ha llegado a cumplir un encargo de trabajo. Almanza, por momentos muy parecido a Esteban Gauna (del Sueño de los Héroes) es un muchacho tranquilo, aguantador si lo exigían, que no bien llegado de su pueblo “Las Flores” se vincula con la familia de don Juan Lombardo, el padre y sus dos hijas. El vínculo se fortalece cuando debe donarle sangre a don Juan, estableciéndose así un “pacto” entre ambos muy estrecho.

La novela plantea desde el inicio el tema del doble. Es interesante ir siguiendo las pistas que Bioy va soltando, pequeños guiños a medida que avanza la trama. Marcas que va construyendo con la precisión del buen narrador.

 

  • Las dos manos ocupadas: No contestó por tener la mano derecha ocupada con la bolsa de la cámara…, y la izquierda, con la valija de la ropa: el oficio y la persona.
  • La repetición de los actos. En el primer párrafo, leo: Se dijo: «Todo se repite».
  • Las dos hermanas: dos mujeres jóvenes… La rubia y la otra, morena. La rubia tiene dos hijos. Durante el relato la acción de una repercute en el obrar de la otra hasta el final que Almanza quiebra la dualidad.
  • El nombre duplicado: ¡Tocayos! Mi nombre completo es Juan Nicolás Lombardo.
  • La pensión de los Lombardo queda en la 2 y 54
  • En la ambulancia que llaman para auxiliar a don Juan Lombardo, hay doy hombres. El médico se repite: «Permiso, permiso», «Perfecto, perfecto».
  • Almanza y don Juan tienen la misma sangre. Luego de donar, toma un segundo desayuno.
  • Un hijo desaparece (Ventura), el otro (Almanza) le salva la vida.
  • Una segunda cama en la pieza que comparte con Mascardi, la número 4.
  • No lo suelto a dos tirones, dice Almanza cuando le dicen que cuide sus cosas.
  • el fotógrafo de la plaza entrega dos copias, una a Julia, otra a Almanza.
  • El país grande y próspero que fuimos vs. los malos gobiernos.[3]
  • Luego de estar con Griselda, llega a la pensión a las dos de la mañana. La patrona le contesta: Ya es hora de que estemos los dos en la cama. Doña Carmen, la patrona, irá modificando su apariencia de monja civil a gitana, enamorada de Almanza.
  • El enorme biombo de espejos, que reflejaba y multiplicaba los ataúdes. Como el biombo de la infancia de Bioy, en el cuarto de su madre, inspirador de muchos de sus relatos fantásticos.
  • Las otras dos mujeres: Zulema y Elvira. Las dos son lindas, les dice Almanza.
  • La habitación del hotel donde Almanza la lleva a Griselda tiene un precio por dos horas.
  • Cortados por la misma tijera, hermano. Sonsos los dospara mí somos dos tipos a la antigua… diálogo de Almanza y Mascardi.
  • Cruzó dos puertas y salió a la calle, cuando escapa del ataque en la funeraria.
  • Almanza pensó: «Todo se me da en pares».
  • Almanza recibe dos giros por su pago. Uno es para encargarle un nuevo trabajo, un segundo libro sobre Tandil.

 

 La duplicación acentúa el clima de incertidumbre en este relato que incuba la sospecha. Salvo el protagonista y los miembros de la familia Lombardo, todos desconfían de esa familia que parece querer atrapar al muchacho. Como lectores no podemos menos que también hacerlo; sobre todo porque por momentos don Juan se parece tanto al doctor Valerga, influyente en Esteban Gauna.

Nicolas Almanza observa la ciudad y a quienes lo rodean a través del lente de su cámara. Bioy fue un amante de la fotografía.

Una cámara fotográfica se me antoja un dispositivo para detener el tiempo… Por medio de su cámara, el fotógrafo sustrae del río del tiempo el mundo que lo rodea. Puede afirmarse que el fotógrafo es artista cuando descubre los momentos más expresivos de la verdad de ese mundo, su modelo, y consigue perpetuarlo hermosamente y tal cual es, como si le robara el alma.

Hoy mientras escribo, recuerdo que alguna vez se presentó una muestra con una serie de fotografías tomadas por Bioy Casares. La reseña de esa exposición, que busco y encuentro on-line, la realiza para La Nación, Laura Ventura. Fue en septiembre 2014. “Fotos de familia” se titula un artículo publicado en el diario La Capital, el 25 de mayo de 1914. Ambos eventos tienen lugar por el 109° aniversario de su nacimiento.

La fotografía está ya presente en las imágenes que crea Morel en La Invención de Morel; un modo de capturar no solo un instante, también “algo” de alguien para siempre.

Creo que la buena fotografía es la del clic primero, cuando se aprieta el disparador de la cámara, y si luego se cambia eso en el laboratorio es un bizantinismo. El fotógrafo es el que sabe ver. Y a mí me pasaba que yo sabía ver mejor a través de la cámara que sin la cámara. Sabía bien si una mujer me gustaba y me seguiría gustando cuando la veía con la cámara. Y eso me salvaba de descubrir después que no me gustara tanto.[4]

En el final la novela da un giro. Almanza recibe el pago que está esperando por su trabajo y puede saldar sus deudas, le sale un nuevo encargo: fotografiar la ciudad de Tandil y don Juan abandona el bando de la sospecha. Será Mascardi, el policía quien nos dirá que de ahora en más podemos confiar en él.

En cuanto a la mujer, Julia, el desenlace de la historia de amor será similar a otros anteriores de Bioy Casares. Almanza acorralado por la urgencia de tener que dejar la ciudad, , se va enredando en acciones y pérdidas de tiempo que retrasan o imposibilitan el encuentro con ella.

Golpeando el vidrio, porque no conseguía abrir la ventanilla, empezó a gritarle:

—Quería decirte…

Julia se tapaba la cara, para que no la viera llorar, y le decía algo, que no oyó.

 

Un día después releo el texto escrito con el asombro del descubrimiento. La narradora de este viaje ha confesado también ser una duplicación: dos mujeres (la del oficio, la que es madre), la realidad del presente y aquel sueño trunco en el 85… La aventura es la crónica en la que intento retener, con el mismo anhelo del fotógrafo ante el retrato revelado, el alma de Bioy.

 

 

[1] Ulla Noemí, Aventuras de la Imaginación. Conversaciones con Adolfo Bioy Casares, Ed. Corregidor., Bs. As. 1990.

[2][2][2] ABC Obra Completa, Vol. II. Editorial Emecé, Bs. As.2013

[3] Un artículo publicado en el sitio del Centro Cervantes analiza la cuestión política en el texto y cita a Bioy quien afirma la relación de la novela con cuestiones socio-políticas del momento. http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-aventura-de-un-fotografo-en-la-plata/html/6b75f680-20dd-4fd7-8ae1-f7ec7bd51e92_3.html

[4] Damaso Martínez, Carlos, “Adolfo Bioy Casares: La literatura, la fotografía, el cine y la eternidad”. http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/la-literatura-la-fotografia-el-cine-y-la-eternidad–entrevista-a-adolfo-bioy-casares

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