SARA GALLARDO – EISEJUAZ

(desde Imbassaí)

¡Qué libro extraño y bello has logrado! No imagino cómo se te ocurrió ni cómo te atreviste a emprenderlo. ¡Qué audacia! (…) Ojalá la gente comprenda lo valioso de tu texto. Ojalá deje atrás la sorpresa de las primeras páginas y se interne en su singularidad alucinante, le escribe Manuel Mujica Laínez en una carta a Sara Gallardo.

El vínculo con Manucho es significativo para Sara. Luego de la muerte de su segundo esposo en 1975, Héctor Murena, buscando refugio para su tristeza acepta la invitación del escritor y amigo y se instala en la casa de éste en la Cumbre, Córdoba. Allí señala la portada de la edición que tengo de Eisejuaz (El cuenco de plata), encuentra hojeando la reciente novela publicada la frase que había olvidado: “Un animal solitario termina devorándose a sí mismo” y vuelve entonces a partir.

Sara Gallardo es un espíritu nómade. Vive en continuo movimiento. Leo en distintas crónicas de su vida que desde el primer viaje que realiza a Europa a los diecisiete años nunca dejó de viajar. La escritura se lleva puesta a cualquier lugar del mundo y ella anda de una parte a otra sin asiento fijo; ser escritora es para ella una fatalidad, una misión, un destino inevitable”, dice Elena Vinelli.[1]

De a poco, lentamente, a medida que avanzo por sus novelas y cuentos la voy reconociendo, intuyéndola, estableciendo este diálogo, primero silencioso en las marcas que hago sobre las hojas del libro; luego manifiesto en el despliegue que hace mi propia escritura.

Y me identifico con esas ansías de movimiento.

Quizás por eso la lectura de Eisejuaz, como ocurrió también con Los galgos, los galgos, se produce en Imbassaí. Aunque haya motivos más que suficientes para estar aquí, también la mudanza obedeció a una necesidad de echar a andar el cuerpo, trasladarme, ponerme en tránsito. Después, este tiempo de coronavirus que no afloja, me ha obligado a permanecer, a echar ancla y sobrellevar la vida a merced del ritmo de la marea. Por lo tanto, leo en un “veremos” incierto e impredecible.

De algún modo, en este sentido, es actual la lectura:

Ha terminado nuestro tiempo y el de todos los paisanos. Ahora cada cual debe vivir como pueda. Por qué nos ha tocado nacer en estos tiempos, no lo sabemos. Todos los hombres tenemos la ceguera como triste herencia…

dice Eisejuaz, Éste También, con sabiduría.

Leopoldo Brizuela, en la contratapa de esta edición, define a Lisandro Vega, a Eisejuaz, como un mataco psicótico en busca de su propia santidad. Y aunque está bien empleado el término ya que el indio tiene ideas que rayan con las alucinaciones y pierde noción de la realidad, adjudicarle este trastorno me resultó desacertado; es insertar una categoría construida desde un mundo que no tiene nada que ver con él: el mundo de “los blancos”, de los misioneros, del comerciante de los pequeños y míseros pueblos. Podemos “diagnosticarlo” como queramos, pero al hacerlo nos alejamos de él, de su idiosincrasia.

Sin embargo, luego agrega Brizuela —que ha estudiado y aportado para que tome relevancia la obra de la autora—: la herramienta de Sara Gallardo había sido la invención de una lengua nueva que imita el habla del indio salteño en su economía de vocabulario, su uso del silencio […], ubicándola junto a Juan Rulfo y, sobre todo, junto a Mario de Andrade en Macunaíma.

Es singular que una escritora porteña haya logrado recrear la voz de un hombre indígena, distante de su experiencia individual, tanto por su género como por su mundo socio-cultural. Posesionarse de la voz de un otro, cuando ese otro no pertenece al mundo social del escritor, y más aún cuando es radicalmente distinto y casi imposible de imaginar, como es el caso de un indio mataco del monte salteño para una escritora criada en un grupo social de clase alta de Buenos Aires, es un logro narrativo extraordinario, señala Alberto Julián Pérez, en un trabajo sobre la novela.[2]

Mi experiencia de lectura, y luego de haber finalizado Los galgos, los galgos —en este viaje que he emprendido siguiendo la cronología de sus libros publicados— fue la de la sorpresa. La narración, difícil, ardua en sus inicios —porque nada se explicita y porque debí incorporar de inmediato el modo de hablar de Eisejuaz, asistir a sus monólogos interiores y a las conversaciones con su Dios— me transportaba a un mundo desconocido, tan diferente al de los textos anteriores, el campo o la ciudad.

De inmediato sentí una profunda ternura por este indio, casi un gigante, un émulo de “Sansón”. Es interesante pensar que el nombre Sansón proviene del hebreo tiberiano y significa [el que] sirve [a Elohim]. Al mencionar sus hazañas el texto bíblico emplea expresiones tales como «el espíritu de Yahveh le invadió» (Jueces 14, 19), o «el espíritu de Yahveh vino sobre él» (Jueces 15, 14), con lo que el escritor bíblico implica que la fuerza sobrehumana de Sansón provenía únicamente de realizar actos por voluntad de Dios.[3]

También Eisejuaz ha recibido un llamado divino cuando era mucho más joven. Su Dios le ha pedido que ponga a su servicio “las manos” —Un día me darás las manos—. Y de esto trata la novela, de ese peregrinar del indio encontrando destino a ese llamado, luchando contra las tentaciones del “Maligno” o contra la ira, la furia, la mala fe del hombre blanco. Eisejuaz encarna en sí mismo toda la historia de su pueblo, pero sin formular juicios de valor, sin establecer batalla. El dilema es personal, el quedarse a la intemperie (apenas un cuchillo, tal vez un perro) es una elección que lo aparta del mundo incluso del propio, de sus paisanos matacos.

Eisejuaz puede intuir lo malo y lo bueno. Y es misericordioso. Pero tampoco es descripto como un santo. En un contexto de violencia, sobre todo hacia la mujer, muestra respeto y consideración por las que se le acercan y recuerda con veneración a la que tuvo y se le murió.

Eisejuaz es “Agua que corre”, como la del río que por momentos se desborda e inunda la planicie, o enloda los caminos. Avanza como la semilla en su ceguera, sin conocer el árbol de mañana. Con confianza y a la vez con el temor o el abandono al que lo somete su Dios.

El mundo de Eisejuaz rebosa de vida y es además un mundo americano. Gallardo no recurre al pintoresquismo ni a lo folklórico ni a lo costumbrista ni a lo conceptual filosófico: narra desde adentro del personaje, seducida por la barbarie americana. Se pone en el lugar del bárbaro, del salvaje, señala el mismo trabajo de Perez, ya citado.

Creo que por eso subyuga, y por la narración, que también conserva, como en la novela anterior, algo de letanía.

Lentamente, poco a poco, ya no me fue tan desconocido el modo de decir del indio, ni la geografía norteña se me hizo tan distante. Aún contemplando otro escenario, distinto, como puede ser el de la playa que me rodea, podía sentir el murmullo del Pilcomayo o del Bermejo y la precariedad de los ranchos.

Aquí también el clima es tropical y un río cuenta historias de pueblos cercanos. Las lagartijas trepan por las paredes y me observan con mirada milenaria, detenidas bajo el sol, como piedras secas. Porque aunque se trata de habitar otros lugares, se trata de la misma América, la de los recursos saqueados, la de las desigualdades.

Y Eisejuaz me habla de habitar. En el salvar la tierra, en el recibir el cielo, en la espera de los divinos, en el conducir de los mortales, acaece de un modo propio el habitar como el cuádruple cuidar. Construir, habitar, pensar, señalaba Heidegger

Sara Gallardo logra acercarme esa cuestión, reflexionar sobre ella. Logra hacerme pensar en no olvidar los orígenes y rendirles homenaje.

En estos tiempos, en este deber permanecer no deja de ser más que significativa su lectura. La escritura, no importa si es en movimiento, es el modo de habitar este mundo en el que he visto que todo pasa.

 

[1] Tentoni Valeria, “Un perfil de la autora de Los galgos, los galgos y Eisejuaz, entre otro títulos”, Eterna Cadencia Blog, https://www.eternacadencia.com.ar/blog/libreria/fondo-celeste/item/la-nomade.html

[2] Pérez, Alberto Julián, SARA GALLARDO, EISEJUAZ Y LA GRAN HISTORIA AMERICANA, Mitológicas, vol. XXIV, 2009, pp. 45-56 Centro Argentino de Etnología Americana Buenos Aires, Argentina. https://www.redalyc.org/pdf/146/14615300003.pdf

[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Sanson

 

 

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

12 − cinco =