UN CAMPEÓN DESPAREJO – Adolfo Bioy Casares

(en tiempos de coronavirus)

 

Es domingo. En estos tiempos hay que repetir varias veces esa realidad para experimentar la diferencia. En mi caso, el oficio de escribir no hace muchas distinciones; más bien, en un día como hoy, me las impongo para quebrar la monotonía de la semana.

Sin embargo, aquí estoy, tecleando frente a la pantalla, mientras por la ventana me enfrenta una nube espesa, increíblemente sólida; grisácea, espléndidamente gris. Creo que si estirara la mano podría correrla como un velo. ¿Qué aparecería entonces? ¿La misma ciudad? ¿Otra?

De fondo, una música barroca, en este momento, Puccini. A mi lado, el tomo tercero de la Obra completa de Bioy Casares. Lo ya leído se sostiene con un broche con forma de paloma para que impedir el vaivén de las hojas que se empeñan por regresar a algún sitio desconocido. “Un campeón desparejo”, que ya promedia físicamente más de la mitad del libro, lucha por subsistir a esta fuerza pero en realidad es el broche lo único que ayuda.

Como tantos otros relatos de Bioy, éste nace de una experiencia real:

Proyectado desde 1983, basado en un diálogo de febrero de 1978, registrado en sus Diarios, con un taxista, fue redactado entre el 30 de marzo de 1986 y el 26 de mayo de 1993…[1]

¿Cuál habrá sido esa conversación?

De cualquier forma, lo interesante es que Luis Ángel Morales, alter ego de Luis Ángel Firpo, Campeón Sudamericano de Pesos Pesados en 1920, es un hombre “en tránsito”, un taxista que, por lo tanto, recorre la ciudad, como tantos otros personajes de Bioy; y aunque la zona de pertenencia sea un conventillo de Parque Chacabuco, su deambular lo lleva a otros barrios, incluso del otro lado de la General Paz.

¿Qué es lo que cambia en la vida de Morales? La irrupción de lo fantástico.

El relato comienza a media res cuando dos hombres –que llevan por nombre Nemo, como el capitán de Julio Verne, en Mil leguas de Viaje Submarino y Apes, de quien señala Martino: Tarzán de los monos es el protagonista de la novela Tarzan of the Apes, de Edgar Burrooughs– se suban a su taxi. Una aventura insólita y un nuevo universo que se le abre a Morales cuando bebe un tónico “milagroso”.

Es entonces cuando comienza a soñar con Valeria (un amor de la infancia); cuando aparece el grupo de mujeres del conventillo descriptas con precisión:

…la señora María Esther: chicuela, rubia, de expresión ansiosa y pálida. La blancura de sus piernas era tan extrema, que a veces Morales la creía con medias blancas. Belinda Carrillo, planchaba. Era una mujer ampulosa, ojerosa, morena, que se decía profesora y que vivía del tarot, de las líneas de la mano, de los horóscopos y del psicoanálisis. Completaban el grupo, en animada conversación, doña Eladia Avendano y Roberta Valdez. Doña Eladia por quien Morales sentía simpatía y respeto, era una mujer bella de tamaño considerable y plácida, que le recordaba las estatuas de la República o de la Libertad; en cuanto a Roberta Valdez, trabajaba por horas en Caballito, usaba anteojos, era linda, sin duda inteligente o por lo menos despierta.

Y cuando también se convierte en el “Ángel Justiciero” que defiende a una muchacha de su rufián y a Doña Eladia del borracho Avendano.

Morales, antes y después de los efectos del tónico, es el antihéroe: ex–alcohólico, flojo para tomar decisiones; trabajador sí, pero preso de su propio destino en el que no se vislumbra nada nuevo; anclado al pasado y a Valeria, que llegó a ser su mujer, pero que lo abandonó hace varios años.

Es solo con el tónico que logra sentirse fuerte, que se anima con otras mujeres, incluso que llega hasta la casa de Valeria para intentarlo de nuevo. Finalmente las cosas no se encauzaron como él esperaba…De modo que todos los días pasaba largos ratos mateando con Don Pedro, hablando apenas, o en silencio.

 Como lectora no he sentido más que pena por este Quijote de a pie o en taxi.

 

Leo en las notas de Martino que Bioy recordaba cuando en 1923 se enteró con “incredulidad y desolación de que Luis Ángel Firpo había sido derrotado por Jack Dempsey, por el título del campeón del mundo”[2].

Fue un gran campeón, un verdadero toro y me dio una lección importante: yo no era invencible”, reconoció casi medio siglo después Jack Dempsey, el hombre que terminó con el brazo en alto aquel 14 de septiembre de 1923 en el Polo Ground de Nueva York, cita una nota del diario Clarín, señalando que luego de esa pelea, trascendental a pesar de la derrota del argentino (famosa pelea tanto que le vale tener un cuadro en la Real Academia de Bellas Artes de Londres), se levanta la prohibición del deporte en la Argentina. [3]

El cronista escribe el artículo —imperdible porque además agrega fotos y un video del encuentro, aun para el que no tenga afinidad con el boxeo— porque el 7 de agosto, apenas hace dos días, se cumplieron cuarenta años del fallecimiento del boxeador.

Increíble coincidencia, pienso, hoy que estoy escribiendo, sin saber del aniversario y menos de Firpo; hoy que acabo de leer este texto de un Bioy conmovido  por la derrota.

Han pasado algunas horas entre este ir y venir hacia la computadora para escribir mi crónica. Afuera, la nube sigue exactamente igual; y aquí, se ha confabulado algo más que el tiempo gracias a la lectura. Escribo mi punto final y cierro la pantalla. Me voy a la otra para ver la tercera temporada de Dark, la serie que, sin dudas, podría haber escrito Bioy.

 

 

 

 

 

 

 

 

[1] ABC Obra completa, Tomo III, Ed. Emecé, 2014. Notas a los textos, pág.853

[2] Op. Cit. Pág. 853

[3] https://www.clarin.com/deportes/pionero-simbolo-luis-angel-firpo-pelea-siglo-cambio-historia-boxeo-argentina_0_nvSl5csTj.html

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