UNA MAGIA MODESTA – Adolfo Bioy Casares

(en tiempos de coronavirus)

 

Señala Daniel Martino que el primer cuento del Libro Primero de Una magia modesta, fue escrito entre 1984 y 1989, corregido luego en 1994; en cuanto al segundo, quiso ser una novela desde 1953, llegó a tener hasta ciento ochenta páginas, pero luego de abandonarla por un tiempo, se redujo al cuento publicado. Los 38 relatos que conforman el Libro Segundo, a excepción de cinco relatos previos a 1990, fueron escritos entre 1992 y 1996.

Inicio mi crónica con esta cronología detallada que proporciona Martino en las Notas a los Textos de la Obra completa, para destacar el trabajo incansable de mi compañero de ruta. Bioy escribe, escribe, escribe, no se cansa de escribir.

Escribir me cuesta trabajo. Si bien cuando concluyo un libro creo que ya sé escribir y escribiré el próximo rápidamente, cuando lo empiezo tengo las mismas dificultades de siempre y debo descubrir cómo escribirlo. Muchas veces he dejado libros inconclusos porque iban por mal camino. A los 17 o 22 años era lógico, pero me sucede ahora.

Le contesta a Urien Berri en una entrevista para el diario La Nación en 1987. Bioy tenía entonces setenta y dos años. [1]

Relatos breves. La segunda parte de este volumen, como en Guirnalda con amores (1959), reune cuentos cortos Ya en 1953, Bioy había armado junto con Borges una antología Cuentos breves extraordinarios. Ambos escritores que, sin duda, disfrutaban del género, señalan en la Nota preliminar:

Uno de los muchos agrados que puede suministrar la literatura es el agrado de lo narrativo. Este libro quiere proponer al lector algunos ejemplos del género, ya referentes a sucesos imaginarios, ya a sucesos históricos. Hemos interrogado, para ello, textos de diversas naciones y de diversas épocas, sin omitir las antiguas y generosas fuentes orientales. La anécdota, la parábola y el relato hallan aquí hospitalidad, a condición de ser breves. Lo esencial de lo narrativo está, nos atrevemos a pensar, en estas piezas; lo demás es episodio ilustrativo, análisis psicológico, feliz o inoportuno adorno verbal. Esperamos, lector, que estas páginas te diviertan como nos divirtieron a nosotros. J.L.B. y A.B.C., 29 de julio de 1953.

Julio Cortázar (y vuelvo al hermano Julio, parafraseándolo) escribió “Del cuento breve y sus alrededores”[2]. Transcribo solo algunas líneas de un texto que copiaría por entero, tanto es lo que me gusta:

El signo de un gran cuento me lo da eso que podríamos llamar su autarquía, el hecho de que el relato se ha desprendido del autor como una pompa de jabón de la pipa de yeso.

Un cuentista eficaz puede escribir relatos literariamente válidos, pero si alguna vez ha pasado por la experiencia de librarse de un cuento como quien se quita de encima una alimaña, sabrá de la diferencia que hay entre posesión y cocina literaria, y a su vez un buen lector de cuentos distinguirá infaliblemente entre lo que viene de un territorio indefinible y ominoso, y el producto de un mero métier.

De un cuento así se sale como de un acto de amor, agotado y fuera del mundo circundante, al que se vuelve poco a poco con una mirada de sorpresa, de lento reconocimiento, muchas veces de alivio y tantas otras de resignación. El hombre que escribió ese cuento pasó por una experiencia todavía más extenuante, porque de su capacidad de transvasar la obsesión dependía el regreso a condiciones más tolerables.

¿Se sueña despierto al escribir un cuento breve? Los límites del sueño y la vigilia, ya se sabe: basta preguntarle al filósofo chino o a la mariposa.

Escribir, escribir, escribir.

Esta insistencia de mis dedos de repetirme en la palabra, me recuerda a Marguerite Duras: Escribir a pesar de todo pese a la desesperación. No: con la desesperación; y a esa línea que usé como acápite para uno de mis primeros cuentos, allá, por el otro siglo: Se escribe sin saberlo. Se escribe para mirar morir una mosca.[3]

En un tiempo de pérdidas: Silvina, y su hija Marta; ambas fallecen con pocos días de diferencia, Bioy continúa escribiendo. Tal vez por aquello que ha contestado en tantas entrevistas: que la literatura era para él lo más intenso de la vida.

Escribo porque probablemente me parezco a un barbero de Tom Jones: cuando se enteraba de una buena historia, tenía que contarla. Yo las invento con facilidad y las cuento con gusto. Creo que antes de conocer la literatura, mi manera de meditar y comentar los hechos que me conmovían fue la imaginación de historias; escribirlas o no, dependía de las circunstancias. Después de descubrir la literatura, un deslumbramiento que me ocurrió a los doce o trece años, traté de contar una historia que provocara en la lector la fascinación que me provocaban algunas novelas […]. Este anhelo, quizá infantil, de producir una magia siempre me acompaña y me incita a inventar y escribir lo mejor que puedo.[4]

El autor japonés, Murakami, reacio a las apariciones públicas y cuestiones de los medios, escribe: nunca he firmado libros y no dejan de preguntarme por qué. La razón es sencilla: soy escritor, nada más que eso. Lo mejor que puedo hacer es escribir, poner todo mi empeño en ello. La vida es breve y el tiempo y la energía de que disponemos son limitados[5]

Sobre Virgina Woolf, narra Victoria Ocampo: [6]

¡El Tiempo… la Edad! Vuelve siempre al tema. A los cincuenta años se pregunta si le quedarán veinte para trabajar. El deseo de escribir la devora. Escribir antes de morir, escribir siempre. Y “este sentido devastador de la brevedad febril de la vida” la hace abrazarse como una náufraga al trabajo…

Escribir.

Las palabras// –escribió confuso– // desvelan la hoja[7].

 

La pompa de jabón de la pipa de yeso. El ritual. Conjuros, invocaciones. Lo sobrenatural. Lo extraordinario. La ilusión. El asombro. La experiencia. El festejo. El tiempo se detuvo y regreso con la sensación de haber visitado por unos breves instantes otro universo ¿El de la magia o el de la escritura? Bastará preguntarle al filósofo chino a la mariposa.

 

 

 

[1] https://www.lanacion.com.ar/sociedad/adolfo-bioy-casares-escribir-da-sentido-a-la-vida

[2] Julio Cortázar, “Del cuento breve y sus alrededores”, Último round, 1969.

[3] Ambas citas son de Marguerite Duras, Escribir, Ed. Tusquets, 2006.

[4] ¿Por qué escribo? En ABC, Obra Completa, vol. III, Ed. Emecé, 2014, pág. 779.

[5] Murakami Haruki ¿De qué hablo cuando hablo de escribir?, Ed. Tusquets, Bs.As. 2017

[6] Ocampo Victoria, Virginia Woolf en su diario, Ed. Sur, 1982

[7] Otsubo, María Claudia. Otro Limbo, inédito.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

6 + uno =