Silvia Molloy – Desarticulaciones

Desarticulaciones

Para hacer durar una relación que continua pese a la ruina, que subsiste, aunque apenas queden palabras.

 Sucedió así: comencé a leer Desarticulaciones (2010) cuando supe de la muerte de Silvia Molloy. Ya había empezado a escribir esta crónica y la había citado unos instantes antes de recibir la noticia. ¿Qué es estar herida, qué es morir?  había tecleado. Repetí la cita, casi compulsivamente en cuanta red de comunicación tenía a mi alcance por esa necesidad de testimoniarle mi homenaje.

El paso a la novela de Molloy había sido inmediato luego de las lecturas anteriores. Además. el acceso a sus obras online me incitaban a continuar. Nunca imaginé que mientras lo hacía, me atravesaría su partida física.

A poco de comenzar, la novela me embargó de una intensa melancolía. Me había encontrado con una mujer (que en algún momento se llama a sí misma Molloy) que intenta retener en unas notas las visitas que le hace a una amiga muy querida, también ex–pareja, que está perdiendo la memoria.

Compartía la intensidad de la narradora, ese intento de unir lo que se va desarticulando ante sus ojos, el desarticularse de ML entre las manos, cada día un poco más, sin poder desprender de mi memoria a mi querida  y admirada T. 

Contemplo como mi crónica insiste, como ocurre en Desarticulaciones, en el uso de las iniciales con la intención pudorosa de preservar una identidad y evoco entonces  el texto de Helene Cixious, Hipersueño y como las iniciales (J.D.), presentes en su novela, concentran en ese gesto la intimidad amorosa de un vínculo que no necesita más explicaciones.

Porque esta novela es ante todo un texto de amor, escrito con palabras justas, austeras, exentas de todo sentimentalismo o clichés.

(Es lo que intento también hacer al escribir en estos instantes).

En la entrevista que le realiza Página 12[1], Molloy expresa:

En el caso de Desarticulaciones se me impuso el fragmento para captar esos encuentros breves, esas ‘conversaciones’ entre dos personas en las que una recuerda y la otra casi no, pero en las que la comunicación –porque la hay– se da en el puro presente del lenguaje. Además, el fragmento se prestaba particularmente bien para anotar esos destellos en la memoria de quien la está perdiendo, esas irrupciones verbales sin ton ni son que funcionan como pequeñas epifanías de quien, a pesar del deterioro, ‘todavía está’.”

Rescato de la misma nota, la referencia, que establece la misma Molloy, entre su texto y el de Tamara Kamenszain, El eco de mi madre, que fueron escritos y publicados, señala, para la misma época. Será imprescindible su lectura.

Hubo además la percepción de un tono en esta escritura que me llevaba a la reciente lectura Hipersueño, que ya he mencionado. Por momentos, la narradora de Molloy se superponía con la de Cixious en el mismo denodado esfuerzo de “articular”, en el final del día, en soledad frente al papel o sobre el teclado, lo poco que se logró retener de los restos, lo poco que quedó entre las manos, para no permitir que también eso se olvide. Como “esos pedacitos de escritura” (los papeles de Derrida, para Cixious) “que me dicen que una vez estuvo” (Desarticulaciones, p. 25).

Para quienes permanecemos en esta dimensión,  luego de una partida definitiva o casi de un ser querido, como puede ser la partida de ML para la narradora, el desasosiego es nuestra propia borradura.

Ya no habrá reflejo donde observarnos, no habrá voz que nos interpele, no habrá escucha y los roces serán tan extraños porque siempre serán vividos como nuevos para el otro o se han convertido en un imposible.

Ese desconsuelo es el que atraviesa la narradora de estos fragmentos “porque todo queda en la bruma: en efecto, es como si no hablara con nadie” (p. 45).

Aún sabiendo que hubiera sido muy difícil un encuentro con Molloy, hoy me inunda frente a su ya no existencia este mismo sentimiento.

 

[1] “La memoria trabaja con todos los géneros literarios”, por Silvia Freire para Página 12, 16/2/2011, en

https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/4-20776-2011-02-15.html.la